SUBRAYAR TEXTO: UN CLÁSICO IRRENUNCIABLE

¿Qué estudiante no subraya sus apuntes o sus libros? Sea con gruesos rotuladores fosforescentes, con lápices, o con un triste bolígrafo, el paisaje de los apuntes universitarios está plagado de líneas de colores.

Seguro que cualquiera que esté leyendo este artículo recuerda ese compañero/a entusiasta que maneja los rotuladores ágilmente sobre sus apuntes en la biblioteca. Puede que incluso sea el propio lector el aficionado a los colores.

No es extraño: toda guía de técnicas de estudio aconseja al estudiante que subraye los conceptos importantes que va encontrando en el texto. Está demostrado en múltiples estudios que es más fácil recordar lo que se ha marcado.

Además, es fácil de hacer, se aprende rápidamente y no exige mucho más tiempo del que necesitas para leer.

¿Por qué subrayar debería, en teoría, funcionar?

  • Porque usa el “efecto de aislamiento”: dentro de una lista de palabras, es más fácil recordar aquella que se distingue semánticamente de las demás, o que pertenece a otra lengua (p. ej. “coche” en una lista de nombres de animales).
  • Porque, antes de subrayar, es necesario comprender todo el texto para decidir qué palabra o frase deben ser marcadas, y esto implica un trabajo activo sobre el material que después habrá que recordar.

Pero subrayar también tiene su técnica y está claro que puede perder su eficacia si no se hace de la manera correcta. 

La mayor parte de los estudios demuestran que los resultados en posteriores pruebas y exámenes son similares en sujetos a los que se les permite subrayar y aquellos que solamente leen el texto sobre el cual se van a examinar.

Vamos a ver los motivos por los que subrayar puede perder su eficacia cognitiva:

1. Exceso de subrayado: Si te pasas marcando texto, no consigues recordarlo tan bien. Empiezas a no distinguir una frase subrayada de otra y pierdes las ventajas del “efecto de aislamiento”. Además, subrayar mucho texto es más pasivo, cognitivamente hablando, que subrayar poco. Si subrayas mucho, no estás seleccionando, no estás procesando tan bien la información.

2. Selección inadecuada de lo marcado: cuanto más dominas una materia o un conjunto de disciplinas, mejor utilizas la técnica del subrayado. Los estudiantes novatos tienen más dificultades para decidir qué es lo importante (Esto se puede explicar en una observación puramente personal: uno subrayaba mucho más texto cuando estaba en 1º de carrera que cuando llegó a 3º y 4º. ¿Por mayor madurez, por mayor conocimiento de las materias?).

3. Ilusión de competencia: existe el riesgo de que el estudiante crea que ha aprendido la materia porque “ya ha subrayado”. Esto no debe darse por sentado. Todos hemos tenido la experiencia de haber memorizado conceptos y procesos tras haber leído y subrayado los apuntes, pero esto se debe probablemente a la facilidad de la materia en cuestión o a que estábamos especialmente alertas en esa ocasión.

Entonces, ¿Qué te recomendamos?

  1. Perfecciona tus técnicas: no subrayes en exceso. Intenta limitar el subrayado a una frase como máximo por párrafo. Si sientes la necesidad imperiosa de subrayar más, detente y simplemente recita en voz alta lo que te parece importante. Eso también te ayuda a fijar ideas.
  2. Utiliza el material que se adapte a ti: los colores vivos y fosforescentes pueden fatigar la vista después de largas horas estudiando. Son los materiales más espectaculares y entretenidos de utilizar (y ya sabemos que en la época de exámenes uno está deseando entretenerse con lo que sea), pero no son imprescindibles. Un simple lápiz de dos colores (azul y rojo) o incluso de grafito puede ser suficiente.
  3. No subrayes por subrayar: ya hemos visto que colorear texto no significa que lo hayas memorizado. Si percibes que estás cansado/a y no estás interiorizando lo que estás marcando, déjalo y limítate a leer. El subrayado erróneo puede confundirte más que facilitarte el estudio ulterior. En vez de eso, motívate cambiando la estrategia de estudio: lee mientras caminas, toma un poco de té o café , sal a la calle a dar una vuelta rápida a la manzana (activa la circulación cerebral), o elabora unas cuantas tarjetas de repaso sobre lo ya subrayado.