Hace muchos años el poeta andaluz se alojó en el Grand Hotel Italia de calle Maipú 1065 en la ciudad de Rosario.

En principio iba a quedarse sólo dos semanas en la Argentina. Finalmente, fueron seis meses. De ese tiempo, que pasó sobre todo en Buenos Aires, el dramaturgo español “robó” dos días para venir a dar una conferencia a Rosario. El 22 de diciembre de 1933 llegó a la estación Rosario Norte -por entonces estación Sunchales- y tras ser recibido por un grupo de periodistas y poetas se alojó en el citado hotel, donde hoy funciona la sede de gobierno de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). De su estadía en un cuarto del edificio no quedan dudas, pero la destrucción de los registros de visitantes no permite confirmar lo que todos suponen o creen recordar que alguna vez les contaron: que el poeta ocupó la misma habitación -por entonces la 101- que supo albergar a Carlos Gardel en sus viajes a Rosario.

En las pocas horas que estuvo en Rosario quedan voces de gente que estuvo con García Lorca y que cuentan cortos y suculentos episodios que marcaron la visita del andaluz.

En la única madrugada que el poeta pasó en Rosario quiso acercarse al río. Tras caminar por calles desconocidas junto a un grupo de noctámbulos que lo acompañaba llegó a una pequeña placita, enrejada, que años después ocuparía el Monumento a la Bandera. Era la plaza Belgrano. Allí, García Lorca que vivía en las márgenes del río Guadalquivir en España, se sorprendió al ver al majestuoso Paraná, lo miró asombrado y exclamó:
“¿Tenéis un río?” De inmediato, viendo la verja. “¿Por qué lo habéis encerrado?”. En pocas palabras dejó en los oídos de sus acompañantes esa expresión de libertad que siempre lo marcaron en sus impetuosos años.

Cuando visitó Rosario, García Lorca tenía 35 años. Fue recibido por el cónsul español en nuestra ciudad, Doctor Diéguez Redondo, el presidente del Club Español, Víctor Echeverría, otras personalidades y un puñado de periodistas locales.

Llegaba a la ciudad acompañado por el crítico teatral Pablo Suero a ofrecer una conferencia en el teatro Colón (avenida Corrientes 485, entre Urquiza y Tucumán, ya demolido), titulada: “Juego y teoría del duende. El enigma del alma española”.

En dos notas publicadas por el diario La Capital en 1946 y 1961, el periodista Horacio Correas, recuerda las charlas en la cantina de un italiano, próximo al Mercado Central, los anticipos de Lorca sobre una futura novela, la sobremesa en la tórrida siesta rosarina hasta la hora de partir al Colón.

En el teatro Colón, Lorca habló ante un auditorio cautivado que después le pidió que recitara algunos poemas. Como confesó no saberlos de memoria, una mano del público le alcanzó su “Romancero gitano”.

Al día siguiente Lorca asistió a varias recepciones. Se sirvió un banquete en el célebre Rottisseri café Cifré (que estaba en Córdoba y San Martín, donde hoy se erige el Victoria Mall), ofrecida por la colectividad española de Rosario, y otras, informales, en el consulado de su país y casas particulares.

Pasado el mediodía, un almuerzo en el Club Español (Rioja 1050) puso al poeta del mejor humor, y después, en su sala de música, se divirtió tocando al piano un “himno picaresco sobre Cervantes”. Más tarde, un té en la confitería de la tienda La Favorita (Sarmiento y Córdoba, hoy Falabella) completó la gira por Rosario.

Y ya con un pie sobre el estribo del vagón que lo devolvería a Buenos Aires, de donde partió en marzo de 1934, Lorca dejó la ciudad con su sonrisa inolvidable.


Federico García Lorca fue muerto cuando había transcurridos dos años, 8 meses y 27 días de su partida de Rosario.

Vino a dar una conferencia. Conversó con gente, paseó, tocó el piano y hasta quiso conocer el Paraná.

Por: Prof. Eduardo Guida Bria