El casco constituye el principal elemento de protección
Protege la cabeza dispersando la energía y absorviendo el impacto.
Protege los ojos y la cara de cuerpos extraños y del viento, permitiendo una mejor visión.
Mejora la audición al cortar el sonido del viento.
Aporta confort al aislar las condiciones ambientales.
El sistema de retención (correa) asegura el casco en la cabeza.

Recomendaciones básicas
Utilizar cascos reglamentarios, construidos según normas de estandarización y perfectamente ajustados a la cabeza.
El más conveniente es el de cobertura facial total, dado que brinda la mayor protección.
Elegir el talle que se ajuste a la cabeza (es decir: que no “baile”); en la posición correcta, ni hacia atrás ni hacia adelante.
No modificar la estructura del casco desmontando los componentes fijos o añadiendo accesorios.
No colocar autoadhesivos, colas, disolventes, pues pueden afectar químicamente a los materiales.
Nunca dejarlo cerca de una fuente de calor. Por encima de los 50º C puede alterarse su eficacia.
Elegir colores claros: dan menos calor y lo hacen más visible.

EL CASCO DEBE SER REEMPLAZADO LUEGO DE UN CHOQUE Y/O DESPUÉS DE 3 A 5 AÑOS DE USO.