El cultivo de los olivos es uno de los pilares de la cultura material de Italia, tal es así
que la península puede vanagloriarse de un rico patrimonio de aceitunas y aceites
autóctonos.
No hay montañas donde no se cultiven los olivares mediterráneos, por ejemplo: en
Sicilia desde el valle de Belice, hasta las pendientes del Etna y en Liguria, desde las
terrazas de los Apeninos que descienden hasta el mar.
Italia tiene variedades de especies, como la “Nocellara Etnea”hasta la “Olea Europea”
y tomando esta última, existen dos olivos originales de esa familia, que se elevan
significativamente al costado de nuestro Monumento Nacional a la Bandera.
El aceite de oliva extra-virgen de la Liguria ha conquistado todos los mercados, críticos
y públicos en general y Costa d´Oneglia (Italia) es uno de los centros de más
importancia en la producción de aceites del país.
Domingo Francisco Mario Gaitán Belgrano y Peri, el padre de nuestro general Manuel
Belgrano, era nativo de esa tierra y propietario de olivares muy considerado, que al
trasladarse a España, importaba las olivas y el aceite refinado para venderlos.
Luego de cambiarse el nombre de Peri por Pérez, para poder viajar a América, se
radicó en Buenos Aires, donde la vida de él es muy conocida.
Para rendirle un homenaje, vino una delegación de Costa d´Oneglia, encabezada por la
señora María Dolía Belgrano, trayendo cuatro olivos, de la especie botánica “Olea
Europea”, en diciembre de 1994, mediante el Permiso Fitosanitario Italiano N° A 36,
dos para Rosario y dos para Curuzú Cuatiá.
En esa oportunidad, se realizó en nuestra ciudad una inolvidable recepción por el
Centro Ligure que, al momento de colocarlos al costado de la Plaza Imperia, en la
barranca del Paraná, por calle Santa Fe 580 y con el correspondiente permiso de la
Municipalidad de Rosario, se procedió a plantarlos por intermedio de las pequeñas
hijas del Cónsul General de Italia en Rosario, doctor Enrico Mora, secundadas por los
hijos y nietos de algunos socios de la institución.
El recuerdo que tienen aquellos niños que participaron de ese histórico momento,
quedó para siempre en sus memorias y el resultado se ve ahora reflejado en dos olivos
que han crecido orgullosamente en tierra rosarina y los dos restantes, fueron llevados,
vía aérea, por la misma delegación a Curuzú Cuatiá, donde también se han
desarrollado firmemente en tierra correntina.

Por Prof. Eduardo Guida Bria