El capitán y comerciante Luis Romero de Pineda, gracias a una merced real concedida
el 29 de agosto de 1689 por el gobernador del Río de la Plata José Herrera Sotomayor,
toma posesión del terreno que hoy ocupa la ciudad de Rosario. Pineda había
comprado en 1677 los derechos sobre los ganados dispersos de esta zona. Al año
siguiente gestionó que se lo respetara por quienes cuereaban sin su permiso y para
ratificar sus derechos gestionó una merced sobre estas tierras, hasta entonces fiscales.
Para obtenerla tuvo que acreditar que era hijo, nieto y bisnieto de conquistadores, y
hasta la pureza de la ascendencia de su cónyuge. La extensión del terreno que se le dio
era un rectángulo de unos 33 por 25 kilómetros que tenía como límites el río Paraná al
este, seis leguas al oeste, y desde el arroyo Salinas (hoy Ludueña) al norte al paraje La
Matanza -ubicado entre los arroyos Frías y Seco- al sur. Luego, ya que la merced era un
acto revocable, como cualquier dádiva monárquica, e implicaba una radicación y un
emprendimiento, Pineda insistió en tomar posesión efectiva, la que realizó el martes
27 de diciembre de 1689 a las cuatro de la tarde y en presencia de cuatro testigos. En
el acta de este hecho se dice: “En este paraje de Saladillo, jurisdicción de la ciudad de
Santa Fe de la Veracruz, como a 28 leguas de la dicha ciudad de Santa Fe, cae entre
medio del paraje que llaman de Salinas y Matanzas (…) dí posesión al capitán Luis
Romero de Pineda de las tierras referidas, y lo cogí por la mano, y lo metí en posesión
real y actual jure domine bel quasi de dichas tierras de día claro, como a las cuatro de
la tarde, en concurso de gente y en señal de posesión quedando en ellas quieta y
pacíficamente sin contradicción alguna. Fueron testigos presentes de esa posesión el
capitán Juan Ramírez, Pascual Arce, Juan Montero e Ignacio Bustamante y es hecho en
dicho paraje del Saladillo en veinte y siete del mes de diciembre del año mil seiscientos
ochenta y nueve en este papel común a falta de sellado y lo firmó consigo el dicho
capitán Luis Romero de Pineda y dichos testigos por falta de escribano Real”. Firmado:
Agustín Gómez Recio de Villagrán. Acto seguido Pineda y su familia construyeron la
estancia de la Concepción, y aunque no existen pruebas documentales de que abrigara
la idea de fundar un pueblo, muchas familias trabajadoras se fueron asentando en sus
alrededores y una vez más quedó demostrado que el destino de los hijos muchas veces
supera a la imaginación de los padres. Tampoco existen pruebas de que abandonara su
casa solariega de Santa Fe, donde había vivido por más de 40 años con su esposa,
aparte de que tenía otras tierras y eventuales negocios comerciales en el norte.
Hombre ya entrado en años -lo que quizá explique su insistencia en hacer un acta de
posesión-, murió antes de finalizar ese siglo y las tierras se dividieron en dos porciones
irregulares: una para su hija Juana, viuda de Juan Gómez Recio, y otra (la fracción
menor) para su hija Francisca, esposa de Cristóbal González Recio. Similar a un acta de
nacimiento, este fue el primer documento que un particular obtuvo para detener una irreprochable legitimidad jurídica sobre estas tierras.

Por Prof. Eduardo Guida Bria