El Pago de los Arroyos, a comienzos del siglo XVIII, era sólo una comarca desolada, extendida sobre la margen
derecha del río Paraná, desde el río Carcarañá hasta el Arroyo de las Hermanas.

En 1721, la zona fue dividida entre los cabildos de Santa Fe y Buenos Aires y el primer sector continuó siendo un
paraje abandonado hasta 1725, en que se designó a la primera autoridad regional: un Alcalde de Hermandad.
Los escasos pobladores de entonces tuvieron que afrontar varios desafíos: el del indio, el de una naturaleza
adversa y el del propio aislamiento geográfico.

Se dedicaron a la agricultura y a la ganadería y comenzaron a levantar sus primeras viviendas alrededor de una
precaria capilla. Ese fue en esencia, el comienzo de Rosario.
En 1823, la población, conocida antes como Capilla de los Arroyos y luego como Capilla del Rosario de los Arroyos,
recibió el título de Villa.

El 25 de diciembre de diciembre de 1851 un grupo de rosarinos estuvo en el pronunciamiento del “Hueco de
Cardozo”, se alineó con Urquiza y dos batallones de rosarinos marcharon con él a la batalla de Caseros.

Tras la victoria, Urquiza le pidió al gobernador Domingo Crespo que declare ciudad a Rosario. El 3 de agosto de
1852 se sanciona la ley y Crespo le puso el sello con determinación: “Cúmplase”.

Claro, lo pedía el mandamás, pero el sello era sólo un sello. Nadie tenía apuro, salvo los rosarinos. En Santa Fe
sabían también lo que se venía. Pasaron 8 años para que se instalen autoridades en la ciudad, aunque, o
precisamente por eso, se transformó rápidamente en el principal puerto de la Confederación Argentina y no paró
jamás de crecer, a pesar de los unitarios de Buenos Aires y de los federales de Santa Fe… ¿algo que ver con lo que
sigue pasando hoy?

A partir del 5 de agosto de 1852, Rosario, es ciudad. La primera comuna o municipalidad rosarina se constituyó el
18 de febrero de 1860.

Por: Prof. Eduardo D. Guida Bria