La renuncia a un empleo suele ser un tema complicado. Puede suceder que estemos bien en un trabajo pero nos surja una mejor posibilidad laboral desde el punto de vista económico o desde lo profesional. Pero es conveniente analizar bien los distintos aspectos que llevan a tomar una decisión de este tipo y no apresurarse. Sin embargo, esto siempre va a estar pautado por las características de tal decisión. No va a ser lo mismo quien renuncia porque tiene una mejor opción, que quien lo hace porque en donde se encuentra se siente mal. Por ejemplo, porque no lo estén compensando satisfactoriamente (tanto económicamente como desde el punto de vista del reconocimiento por su tarea), porque no se siente a gusto con las tareas que realiza o, simplemente, por el disgusto de estar en un mal ambiente laboral o tener malas relaciones con los compañeros.

A continuación, algunas señales que indican cuándo es el mejor momento de buscar un nuevo empleo:

– Tus compañeros son fastidiosos. Debemos admitirlo, no todas las personas se llevan perfectamente bien. Sin embargo, es necesaria la armonía con los demás para poder hacer tu trabajo.

– El ambiente es insoportable. Todas las personas experimentan altibajos en el trabajo, pero el descontento puede ser señal de un ambiente de trabajo crónicamente depresivo o, incluso, de una empresa en peligro. Un mal ambiente de trabajo refleja la cultura de toda una empresa. ¿Trabajas en una atmósfera que no te aporta nada para tu crecimiento? ¿Te quejaste durante años seguidos?

– No te proyectás. Si el actual empleo no te deja avanzar hacia tus metas ni te ofrece perspectivas a corto, mediano o largo plazo, es mejor cambiar a otro empleo que te ponga en un camino más claro.

– Te sentís mentalmente exhausta. El estrés puede causar una disminución de la moral, bajar la productividad y provocar apatía por el trabajo. Además, puede extenderse a tu vida personal e, incluso, producir un efecto negativo en tu salud.

– No te llevás bien con tus superiores. Ser jefe no da derecho a hacer lo que uno quiera, porque hasta el mejor de los trabajos puede transformarse en un infierno. La relación con tu supervisor desempeña una importante función en tu satisfacción y éxito profesional en general. Tácticas como luchar para que cambien de puesto a tu jefe no suele tener éxito. Si trabajás para alguien que está siempre ausente, no disponible o no es confiable, es hora de buscar una mejor oportunidad.

– Mirás el reloj cada 10 minutos. Si bien puede no gustarte trabajar, es aún peor si te aburrís mientras estás allí. No sentir ningún desafío es una indicación de que necesitás responsabilidades adicionales o un cambio de función. Y no te descuides, porque si no tenés ninguna responsabilidad es posible que la gerencia esté intentando desplazarte y podés correr el riesgo de perder tu trabajo.

– No te respetan. Tus ideas no se toman en serio, no tenés oportunidades de crecimiento, el jefe te ignora, tus compañeros de trabajo te evitan, no te alientan para mejorar tus aptitudes con cursos o seminarios, te pasan por encima en las promociones una y otra vez, te excluyen de los proyectos clave y las sesiones de estrategia. Entonces, ¿por qué seguís dándole a esta organización tu tiempo, energía y buenas ideas?

– Nadie se comunica. Aunque vivimos en un mundo completamente conectado (e-mail, celulares) igualmente puede haber una total falta de comunicación. Ya sea que un compañero de trabajo no te responda a un correo, o que el gerente no transmita los objetivos de la compañía. Esto puede costarte una cuenta, un cliente o hasta hacer que te despidan.

– No sos valorada. Tenés que darte cuenta de que merecés tener crédito por tus éxitos. El reconocimiento es importante y las buenas compañías implementan programas para que los empleados sepan que son valorados. ¿Tu empresa está haciendo algo para recompensar tus esfuerzos? ¿Recibís bonos, beneficios extra o comentarios positivos? Si tu jefe nunca escuchó nada sobre el reforzamiento positivo verbal, o de otro tipo, buscá una compañía que valore tus talentos.

– Te sentís ahogada. La cantidad de tiempo que pasás trabajando, las condiciones laborales, los supervisores y los subordinados… Todo puede tener un impacto positivo o negativo. ¿Detestás el tiempo que pasás en el trabajo? Esto debería ser un claro indicador de que es hora de liberarte.